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Desbobinadores
En todos los departamentos de envío se necesitan: los llamados desbobinadores. Todo el mundo sabe como es cuando se tiene un rollo de cinta adhesiva y no es posible encontrar el final o el principio. Y si por milagro lo encontramos, intentamos conseguir un trozo pequeño de la cinta con la ayuda de las uñas, con el resultado de que no obtendremos la anchura deseada, sino un trocito mínimo. Esta historia podría seguir hasta un sinfín. Pero un inventor muy listo un día estuvo arto de esta trabajera e inventó el dispensador de cinta adhesiva para todas las necesidades en la vida diaria.
Para estas necesidades diarias pues existen desbobinadores para papeles, desbobinadores manuales, desbobinadores de mesa y desbobinadores de cinta adhesiva en varias formas y espesores. El desbobinador de papel lo conocemos de las floristerías, cuando la mujer amable pregunta: ¿Papel o film?. Si nos decidimos por el papel, ella estira del desbobinador hasta que obtiene la longitud deseada y con un estirón puede cortar el papel con el borde con cuchilla. El desbobinador de mano se suele ver en departamentos de expedición. Tiene un asa muy práctica y con un movimiento de mano se puede atajar la cinta de embalaje habitualmente más gruesa que normal del resto de la bobina. El desbobinador de mesa se encuentra en todos los escritorios españoles. Suele estar equipado con un peso en el interior para que se pueda estirar de la tira de cinta adhesiva sin que el desbobinador entero se mueva. Todas las secretarias saben lo práctico que es un desbobinador de mesa y lo rápido que se puede envasar un regalo o algo parecido sin tener embadurnamientos con el pegamento.